04 junio 2010

Rien ne va plus: consideraciones sobre el estado crítico del croupier y un poema de matute.





Pero, amigo, paciencia, que si hoy se ha perdido, mañana se ganará.
QUEVEDO


Del juego como talla
Resulta que en el juego lo que escapa a nuestro control limita trágicamente con la presencia impertérrita de ese ser llamado croupier. Si la suerte le hace tambalearse, encomiéndese a esa fría e imperturbable apariencia de amabilidad, esa de la cual sospechamos que esconde un secreto para el que se la juega en cada mano, jugada, lance o fin de partida. Afortunadamente, un golpe de dados no abolirá el azar. Porque a la figura del croupier le hacemos a veces responsable directo de nuestro juego. En este sentido, su presencia se asemeja a la de un tallador, alguien que graba y registra despiadadamente y con fría emoción el sentido de nuestra mano. No en vano, él se sabe entre ladrones que buscan a través del riesgo y lo que pide es una cierta soledad y una acendrada vigilancia.

El croupier parece resolver cada jugada con un estilo meticuloso que molesta de algún modo al jugador porque sabe que la suerte pasa por sus manos. Y si no nos gusta, desconfiamos y pedimos erróneamente a otro. El juego pertenece entonces a un supersticioso encuentro con la sorpresa y la ganancia, algo que para el verdadero jugador nada tiene que ver con el hecho de aumentar crematísticamente su caduca bolsa, sino con las ganas de usurpar la suerte por medio de la fortuna. Quiere decir que hay algo de poética en el destino de una tirada de dados que suele escapar del ritmo incontestable de la apuesta, cuando lo que se aparece nada tiene que ver con la expectativa de ganar o perder.

Lo que importa es el mismo hecho de jugar y jugársela en cada lance, como si estuviera el jugador en un desequilibrio acrobático donde acaso más valiera guardar el silencio propio de la partida. El jugador apuesta por hacerse legible ante los ojos del croupier que no trata de enjuiciar una partida, cuanto seguir el correcto modo de perder o ganar. Jean Genet lo explicó en su Diario del ladrón, no importaba demasiado ganar o perder, sino simplemente dejarse llevar por las emociones de lo poético cuando se presentaba la ocasión: “mi vida debe ser leyenda, es decir, legible, y su lectura, alumbrar alguna emoción nueva que yo llamo poesía. Ya no soy nada, sino un pretexto”.

Jugar es ese saber leer tallando las cartas o los dados. Ese encuentro de lo azaroso impulsa el olfato hacia una mesa gobernada por el riesgo de los dados y sus suertes. Ya libres de partidas, cuando somos conscientes de que, si hemos ganado o no, nos hemos convertido por cuenta propia en jugadores en una situación que nada tiene que ver con la ganancia, sino con una apuesta estética que nos invita al peligro: “Stilano jugaba –escribe Genet. Le gustaba saberse fuera de la ley, sentirse en peligro. Lo afrontaba por empeño estético”. Esta perseverancia contribuye a que podamos considerar al croupier como una especie de crítico de arte y al jugador como el artista de la nueva acrobacia. Como recomendaba Oscar Wilde, más vale confiar en lo imposible que en lo improbable.

De vuelta a Ruletenburg
Dostoievsky escribe la novela que mejor describe esta extraña relación en El jugador. Escrita en las tardes que le dejaba libre Crimen y Castigo, su título inicialmente se iba a llamar Ruletenburg, nombre ciertamente absorbente para una ciudad dedicada en exclusiva al juego. Porque si en la actualidad el juego está ligado a lo cinematográfico y al desierto de Las Vegas, en aquellos tiempos el juego tenía una elegancia perdida entre el balneario y el casino. Primero se decide ir a este lugar por sus cualidades saludables y acuáticas, después se comprueba que los nervios han sido arruinados para siempre. Esta paradójica relación puede sugerir que el azar, la ganancia y la perdición deben darse en espacios apropiados a la tranquilidad, sabiendo que el clima del casino se manipula para imponer una tensión amenazante para el visitante.

En cualquier caso, no hay croupier que no tenga pensada la forma en que debe mantener al jugador despierto. El propio Dostoievsky en su novela describe su propia experiencia, ligando un matrimonio fallido y cansado a la fuga que llevó a cabo con su amante a la Europa de los casinos de París y Baden-Baden, perdiendo dos veces todo su dinero por culpa del juego y por su temeridad. Ya que el juego significa la ganancia rápida y apresurada, al jugador y al croupier se le encomienda la aceptación del riesgo de la ruleta. Si la rueda de la fortuna siempre ha estado de otra manera ligada al reparto de las cartas, el riesgo de ambos momentos contribuye a la constitución de nuevos goliardos que tratan de encontrar en lo esotérico un verdadero medio para llegar al cuerno de la abundancia. Pero el jugador no tiene la seriedad del que sólo juega por ganar dinero, el croupier sabe que oscila ante una caballerosidad ya perdida y la chusma que sólo busca ampliar sus beneficios. Por eso su apariencia debiera ser también imperturbable y ataráxica. El croupier es un escéptico que lo ha aprendido todo durante el juego y por eso no deja traslucir su emoción.

Al jugador que simplemente llega a Ruletenburg con la esperanza ciega de ganar lo perdido, más le valiera dedicar su esfuerzo en otras oportunidades más seguras. El verdadero jugador sabe que es el centro de un espectáculo donde se alían la seguridad de la pérdida con la azarosa ganancia de tiempo. En esta puesta en escena de cualquier juego de azar, aparece el croupier controlando y registrando todos los envites. Un efecto ruinoso porque el empedernido en realidad es el vigilante, no el jugador. Así, aparece como duro de corazón, como convertido en piedra. Y si Dostoievsky ataca fieramente a ese jugador que sólo busca la recompensa, hay alguien que merece todo su desprecio porque es peor que esa canalla: el croupier, vigilante y ajustando todas las cuentas. Aquel al que denomina gentuza.

Cálculos
Si el croupier recibe su nombre porque sujeta un garrote -el croup- con el cual mueve las fichas, el jugador está en otra región de ese juego aparentemente controlado. Por otro lado, el jugador no debe calcular. Esas acciones sólo van directamente encaminadas a la probabilidad. Aunque es verdad que ambos llevan papeles cuadriculados, observan las jugadas, cuentan, deducen y de alguna manera, calculan, el croupier no se la juega. Simplemente está al tanto de si la apuesta es grande, como si esperara un hecho extraordinario. Esto es visible en la ruleta donde se une el destino nihilista con el ir y venir de la zozobra. No hace falta ponerse en plan heideggeriano para saber que el juego de azar es el lugar de correspondencia entre lo que ya no va más allá porque ya ha sido hecha la apuesta.

Ese sentido de una nada identificada con el cero no sorprende al croupier porque sabe que si la bola cae en el número 0 se dice zéro y se hace una nueva tirada. Entonces, la banca gana todo lo que hay en la mesa. No obstante, si se ha apostado al cero, la ganancia será treinta y cinco veces lo apostado. En esos instantes el jugador suele desconfiar del croupier. Cuando da inicio al juego, dice rien ne va plus y se gira la ruleta: el juego está hecho. En ese instante, nada va a ir a más, ni siquiera el impertérrito vigilante: “se me figura que estos croupiers –escribe Dostoievsky-, siempre tan tiesos y que aparentan ser simples funcionarios a los que no les importa en absoluto que la banca gane o pierda, no son tan indiferentes a las pérdidas de la banca, y se comprende que estén aleccionados para atraer a los jugadores y velar por los intereses del negocio: para esto reciben sus premios”.

Como se puede apreciar existe una relación directa entre el hieratismo pétreo del croupier y el cálculo. No hace falta tener un gran olfato metafísico para vincular entonces su aspecto elegante y compungido con la práctica más alejada de lo que se considera un verdadero jugador. El cálculo mal se aviene con la intuición iluminada y fortuita del que escucha, a pesar de todo, con ansiedad al croupier, sabiendo también de la promesa de felicidad que anuncia que mañana todo habrá terminado.

Retrato del croupier como testigo de la suerte
El croupier suele ser francés. Marcel Duchamp sugirió la vinculación entre el artista y el juego de la ruleta, al que añadiríamos el papel del crítico como croupier. Como Francis Picabia, era conocido por sus escarceos en los casinos de la Costa Azul y Barcelona. Para ganar dinero en la ruleta, Duchamp propuso en 1924 crear unos bonos especiales destinados a producir ganancias con el juego, pero eran duchampianamente ineficaces. Con todo, en una carta a Jean Crotti en 1952, escribe: “los artistas de todos los tiempos son como los jugadores de Montecarlo y la lotería ciega hace ganar a unos y arruina a los otros. Para mí no vale la pena ocuparse ni de los que ganan ni de los que pierden. Es un buen asunto personal para el ganador y uno malo para el perdedor” .

Pero en esa zona de juego se ausenta el sentido común. En el momento donde ya no importa la ganancia o la pérdida, el artista se sitúa en una mesa porque ya sabe que está destinado a un tipo de juego comparable a una conversación, con la propia tradición y con el propio testigo de su suerte. El croupier es el encargado de dar testimonio de lo que dice al artista la suerte: “dos movimientos de naturaleza opuesta buscan la suerte, el uno de rapto, de vértigo; el otro, de acuerdo. El uno quiere la unión brutal, erótica; la mala suerte se precipita, vorazmente, sobre la suerte, la consume o, por lo menos, la abandona, marcándola con un signo nefasto: un movimiento abrasador –la mala suerte sigue su curso o acaba en la muerte-. El otro es adivinación, voluntad de leer la suerte, de ser su reflejo, de perderse en su luz. Frecuentemente, los movimientos contrarios se complementan […] la suerte nace del desorden y no de la regla” .

Esta relación de dos tipos de busca de la buena suerte no son más que el afanoso encuentro de una aparente zona neutra del juego donde el croupier parece ajeno a la irrupción de la carta esperada. Y en esa vinculación de la suerte esperada con la destreza del juego, Bataille ha señalado su relación con una belleza ciertamente cercana al ingenio y su resplandor, a lo que se añade la funesta acción de la temida mala suerte donde la belleza se hunde en la prostitución: “la suerte es más que la belleza, pero la belleza saca su fulgor de la suerte”.

Nada va a más
Para Bataille, el no-ser parece ser el ser que se pierde: “la suerte es el efecto de una puesta en juego. Este efecto no es nunca el reposo. Vuelta a poner en juego sin cesar, la suerte es el desconocimiento de la angustia (en la medida en que la angustia es deseo de reposo, de satisfacción)” . Pero nuestro croupier se atiene a ese reconocimiento del miedo y la temeridad, haciéndose responsable directamente de pagar o recoger el dinero de los jugadores. Una acción que aparentemente no atañe al propio juego y que precisamente está en ese espacio de lo neutro donde el repartidor no se deja engañar por los fulleros.

Es más, su misión está a mitad de camino entre el juego, la suerte y el silencio. Es el que mantiene el ritmo de cada jugada con la destreza propia de aquel que sabe que la nada que acucia siempre puede ir a más. Porque en esta relación entre el arte y la suerte, el jugador comparece de una manera extraña a la dualidad que se imbrica en su tentativa. Es precisa la parada, la retirada, la espera que el crapuloso croupier realiza con su dirección: “si no se detuviese en el camino, el arte agotaría el movimiento de la suerte: el arte sería entonces otra cosa y algo más que el arte” . Aquí Bataille introduce una nota donde hace confluir el escamoteo propio de la magia y el ilusionismo al efecto real del arte. No se trata de comprender que tras todo el arte habita un engaño o un truco. En el arte, el jugador se limita a su partida, sin ser a veces consiente de que siempre hay algo que ya no va a ir a más: “De hecho, el arte se escamotea. La mayor parte del tiempo un artista, en principio, se limita a su especialidad. Si se sale de ella es, a veces, para servir, a una verdad más importante a sus ojos que el arte mismo. Un artista, lo más a menudo, no quiere ver que el arte le propone crear un mundo semejante al de los dioses o, en nuestros días, semejante a Dios” .

Como no hay nada definitivo para jugador y croupier, esa transformación de su vida en proyecto no deja cabida a un retorno, salvo el destinado a hacer girar la ruleta. Ambos no se dejan llevar porque saben todas las respuestas posibles a este sistema dual donde, todo o nada, rojo o negro, carta de más o menos, van a conducir previsiblemente a un espacio del dispendio o de la avaricia que ha de ser eliminado del juego. No se trata de un problema moral, sino de mantener un estilo capaz de resolver airosamente una cuestión oculta, hacer de la vida un juego absurdo entre lo absoluto –lo separado- y el azar que propicia el encuentro. Un proyecto surrealista donde sólo queda seguir lanzando los dados porque lo que se ha puesto en juego es la propia pericia.

La canción del croupier del Mississipi
La suerte poética aparece en un poema de Leopoldo María Panero donde el poeta es un croupier que ha decidido hundirse en una crápula también estetizada. En este caso, vuelve a repetirse la imagen de alguien que medita acerca de su suerte como un expulsado del paradisíaco casino de la literatura. Refiriéndose a su labor como poeta, parte de algunos tópicos donde se entremezclan temas como el alcohol, la sangre caliente y la escritura en España, junto al desdoblamiento propio de la escritura. En este sentido, lo importante es que el croupier se sabe solo en sus momentos críticos:

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio
Y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
Ideas y poemas y voces
De amigos que no tengo. Y tengo
La boca llena de sangre,
Y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
Y toda mi alma sabe a sangre,
Sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
En toda mi alma sabe a sangre,
En toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
Que se mueven ingenuos, torpes, en
Esta vida que ya sé.
Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
Yo siento un corazón. No hay,
No existe en nadie esa cosa que llaman corazón
Sino quizá en el alcohol, en esa
Sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
La única sangre en este mundo que no existe
Que es como el mal programado, o
Como fábrica de vida o un sastre
Que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
Quizá el reloj y las horas pasan.
Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
De la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
Y mi vida oliendo.
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
Y que este cuento es cierto, este
Absurdo que delatan mis ojos,
Este delirio en Veracruz, y que este
País es cierto, este lugar parecido al Infierno,
Que llaman España, he oído
A los muertos que el Infierno
Es mejor que esto y se parece más.
Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era
Álvaro de Campos,
Me digo que estar borracho es no estarlo
Toda la vida, es
Estar borracho de vida y no de muerte,
Es una sangre distinta de esa otra
Espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
Y los agujeros de la vida.
Y es que no hay otra comunión
Ni otro espasmo que este del vino
Y ningún otro sexo ni mujer
Que el vaso de alcohol besándome los labios
Que este vaso de alcohol que llevo en el
Cerebro, en los pies, en la sangre.
Que este vaso de vino oscuro o blanco,
De ginebra o de ron o lo que sea
-ginebra y cerveza, por ejemplo-
Que es como la infancia, y no es
Huida, ni evasión, ni sueño
Sino la única vida real y todo lo posible
Y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
A algún ser que es probable que esté
Ahí la vida de los dioses
Y unos días soy Caín, y otros
Un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
Un cazador de dotes que por otra parte he sido
Pero lo mío es como en Dulce pájaro de juventud
Un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
Un asesino tímido y psicótico, y otros,
En qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
Recuerdan, dicen
Con la copa en la mano, hablando mucho
Hablando para poder existir de que
No hay nada mejor que decirse
A sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
La marea del vino en la sangre y el alma.
O bien alguien perdido en las galerías del espejo
Buscando a su Novia. Y otras veces
Soy Abel que tiene un plan perfecto
Para rescatar la vida y restaurar a los hombres
Y también a veces lloro por no ser un esclavo
Negro en el sur, llorando
Entre las plantaciones!
Es tan bella la ruina, tan profunda
Sé todos sus colores y es
Como una sinfonía la música del acabamiento.
Como música que tocan en el más allá,
Y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
Tengo sangre en los ojos de borracho
Y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
Y vomito el alma por las mañanas,
Después de pasar toda la noche jurando
Frente a una muñeca de goma que existe Dios.
Escribir en España no es llorar, es beber,
Es beber la rabia del que no se resigna
A morir en las esquinas, es beber y mal
Decir, blasfemar contra España
Contra este país sin dioses pero con
Estatuas de dioses, es
Beber en la iglesia con música de órgano
Es caerse borracho en los recitales y manchar de vino
Tinto y sangre Le livre des masques de
Remy de Gourmont
Caerse húmedo babeante y tonto y
Derrumbarse como un árbol ante los farolillos
De esta verbena cultural. Escribir en España es tener
Hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
No justifica nada ni nadie, ninguna sombra
De las que allí había al principio.
Y decir al morir, cuando tenga
Ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
Gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
En este paraíso para espectros
Y también a los ciervos que he visto en el bosque
Y a los pájaros y a los lobos en la calle y
Acechando en las esquinas.
“Fifteen men on the Dead Man’s Chest
Fifteeen men on the Dead Man’s Chest
Yahoo! And a bottle of rum!” .


Escrúpulos o dudas
En Casino (Martin Scorsese, 1995) se narran las vicisitudes de un croupier que comenzó intuyendo resultados y realizando acertados pronósticos y que se encuentra dividido por su relación con un clan de la mafia que le permite dirigir un gran casino en Las Vegas. En realidad, una metáfora para hablar del posible cálculo del azar a partir de la violencia, el deseo y la vigilancia propias del desempeño eficiente del que conoce todos los trucos, tanto de los tramposos, como de los croupiers y de los que vigilan a éstos, hasta llegar jerárquicamente al discreto control del director protagonizado por un clarividente Robert de Niro: “en un casino, la primera regla es hacerles jugar sin cesar y hacer que vuelvan. Cuanto más tiempo jueguen, más dinero pierden. Al final, nos lo quedamos todo”.

¿Acaso el croupier es el intermediario de la suerte del jugador o es alguien que nada tiene que ver con el desarrollo de la partida? Porque en francés la palabra croupier hace referencia a algo estancado y corrompido, a alguien que parece condenado a arruinarnos o darnos la suerte. En este sentido, el croupier no parece tener escrúpulos ni dudas, eso está de más para quien sabe que lo que importa es otra cosa: posibilitar que no dejemos de jugar o que el resto de intercambiadores de la buena o mala suerte se alíen en contra de los jugadores que terminarán por arruinar su noche con sus días.

Por tanto, el croupier es alguien empeñado y empecinado, un expulsado que quiere volver a entrar de matute en Ruletenburg convertido en jugador, sabiendo –repetimos- que un golpe de dados jamás abolirá el azar. Al jugador sólo le queda continuar jugando hasta que la partida termine, después de arrojar sus cartas en el golpe. Mallarmé dio importancia a que este proceso de conflagración de lo azaroso, la suerte siempre trata de dirigirse a la materia. Un intercambio simbólico donde la ganancia o la pérdida terminan por disolverse, porque, si echamos cuentas, nuestro juego linda con la locura: “Arroja los dados; sé realizar el golpe –doce- el tiempo (medianoche) que creo reencuentra la materia, los bloques, los dados. Entonces (de lo Absoluto su espíritu se forma por el absoluto azar de ese hecho). Dice a todo ese alboroto: hay realmente en eso, un acto – es mi deber proclamarlo: esa locura existe. Habéis tenido razón (ruido de locura) al manifestarla: no creáis que voy a mandaros nuevamente a la nada” .

Después de estas consideraciones, pensamos en que siempre es necesaria la presencia incorruptible de ese croupier bienintencionado. De otro modo, la jugada corre el riesgo de convertirse en un caos interminable, entre el apetito del que juega, su experimentada destreza y el engaño que todo arte trae consigo. En el fin de la partida, el croupier se presenta como traductor y tercio supuestamente excluso. Como ha mostrado Michael Haneke (71 fragmentos sobre una cronología del azar, 1994), la temporalización del instante está vinculada a una vicisitud que en el caso de nuestro juego está supeditada a un arte mágico. Como señaló Adorno, “el arte es igual a la magia, pero sin la mentira de ser real”. Entonces el croupier comparece tallando entre nosotros el azar y la muerte.

27 mayo 2010

RUBÉN SANTIAGO. APUNTES SOBRE EL CAPITAL PARASITARIO



Del parásito capital. La aparición de parásitos en nuestro cuerpo suele causar la pérdida del equilibrio homeostático. Es el caso de la aparición de la pediculosis, tradicionalmente ligada a la higiene y al contagio contaminante, donde nuestras cabezas han padecido e incorporado esa extraña picazón que en realidad no es más que una invasión de insectos vampíricos. Conviene recordar que la pftiriasis, conocida como el mal de los piojos, ha estado ligada no sólo a la filosofía, sino a la poesía, desde sus inicios. Es el caso de Homero de quien se ha venido repitiendo tradicionalmente, pero sin ninguna prueba concluyente, su extrañeza ante unos jóvenes que están despiojándose en unas rocas y le contestan con cierta lasitud: “Lo que hemos agarrado lo hemos dejado, lo que no hemos agarrado lo traemos”. Grosso modo, cabe relacionar la aparición de los parásitos en el cabello a un castigo divino proveniente de la herejía y, más allá, a la invocación frente a los dioses de los que se consideraban enemigos de la religión. Es el caso de Herodes que murió de este extraño mal considerado como una de las muertes más feroces, cuando el cuerpo se ve sumido en la extrañeza de ser el espacio donde un insecto encuentra el hábitat apropiado para la supervivencia. El asunto para los antiguos tenía por otro lado un aspecto intimista ya que se consideraba que esta enfermedad estaba vinculada, no tanto a una contaminación o contagio del exterior, sino a una súbita aparición proveniente del propio cuerpo. William Burroughs dejó constancia de la actividad fantasmática del prurito en relación al poder del estado en el individuo en aquellos relatos que formaban parte de El almuerzo desnudo, cuando el control real del escritor se encontraba inicialmente relacionado con el contagio propio de unos insectos voraces y veloces que comían con lentitud el cuerpo extrañado, perdido y drogado. En esa experiencia de la alteridad del equilibrio, la aparición de estos insectos voraces constituye la prueba de que en nuestro cuerpo no estamos solos, sino acompañados, simplemente configurando un sistema autofágico donde se mezcla la sangre al alimento, cultivando la manera de crecer y multiplicarse exponencialmente, sin respetar la jerarquía económica basada en la pulcra higiene. Ya afirmaba Ferécides, maestro de Pitágoras, quien supuestamente murió de este extraño mal purulento, que era una invasión que brotaba del interior del cuerpo: “Mi piel cuenta su propia historia”. En esa dirección, hay que señalar también dos hechos propios de este extraño mal invasivo. En primer lugar, la referencia a la muerte causada por el mal de los piojos se acompaña de la conversión del cuerpo en una contingente masa formada por los restos de piel y huesos, a lo que hay que añadir una destrucción que atañe a cualquiera, sin discriminaciones positivas. Como recientemente se ha descubierto entre unos documentos encontrados en Évora (Portugal) pertenecientes a Quevedo, el escritor poetizaba: “Piojos cría el cabello más dorado”.

De la corrupción del dinero. En ese sentido, resulta que en griego la palabra que se refiere a la liendre es phtheir (piojo) y casualmente, para referirse a la destrucción de las plantas, a lo marchitado, tanto como a lo depravado, se utiliza el vocablo phtherio. Porque la propia palabra piojo proviene de la pus, ese absceso formado por los restos que haya dejado lo muerto al ser asimilado como alimento. Hoy sabemos que fueron utilizados por la medicina experimental para el desarrollo de vacunas contra el tifus. El problema es que la sangre utilizada pertenecía a aquellos judíos que padecían la muerte y persecución en los campos de concentración. Así que a pesar de que durante el siglo XIX se negara insistentemente la existencia de tal enfermedad, se puede afirmar que la aparición de estos insectos está directamente relacionada con una destructiva imposición de lo corrupto que subyace en los mecanismos coercitivos del poder. Y, en cualquier caso, la aparición del parásito se debe relacionar con un proceso metafórico y simbólico que puede ser tanto de orden político como biológico, una cuestión de simple economía de medios. Porque la primera ilustración descriptiva del piojo corresponde a la aparecida en la Micrographia de Robert Hooke, publicada en 1665 en Londres por el conocido científico enfrentado a Isaac Newton, quien daría un paso importante desde la formulación de la ley de gravitación universal a la configuración de un sistema de moneda capaz de evitar las falsificaciones. El problema entonces deviene de una manera extraña, uniéndose la presencia de los piojos a los sistemas monetarios que rigen la actualidad capitalista. Dejaremos caer que en esa capitalidad lo que se esconde es la pediculosis, andar de cabeza. El capital sufre el incremento de agentes exteriores destinados a fagocitar un sistema aparentemente claro e higiénico, constatando que la crisis es propiamente efecto del marchitamiento paulatino, esto es, de la pérdida de liquidez. Si Newton levantara la cabeza, vería cómo se han modificado sustancialmente los valores atribuidos al dinero, convertido no ya en moneda, sino en plástico. Más certeramente, un soporte magnético para recordar un número asociado a nuestra propia cuenta corriente, la tarjeta de crédito. Así, Newton tuvo que vérselas con un problema aparentemente simbólico porque la moneda no era exactamente imaginaria, sino que estaba asociada a la materia de la que estaba compuesta. Y los falsificadores iban limando las monedas con la intención de aprovechar las literales cualidades materiales del dinero. Si en la actualidad sabemos que la pérdida de la tarjeta suele estar vinculada al robo, bien por parte de las comisiones o bien por la coerción del asaltante urbanita, este factor de extrañamiento forzoso debe ser comparable a la infección nihilista efectiva en el capitalismo y a sus pérdidas. A pesar de todo, se desmagnetiza de la manera más extraña. Porque precisamente aquello que los griegos llamaban piojo, en inglés se traduce como louse, algo echado a perder, haciendo referencia a aquello que se ha perdido. Si bien la moneda era un símbolo y el symbolein una moneda, aquello que se compartía en un hogar cuando aparecía un huésped y que era la unión exacta de una moneda partida, en la actualidad el factor económico se ha convertido en una simple tarjeta de crédito. Seguramente, el valor material no coincida con el valor simbólico, pero eso es algo ya tradicional en la historia económica de la burguesía desde el Medioevo, la consideración de la propiedad en relación al robo. Entonces, las tarjetas de crédito son tarjetas poseedoras de un valor numérico contable, pero en una exposición de arte contemporáneo actual cobran, como la liendre, un nuevo valor artístico, económico y simbólico.

El delito y el crédito. En la trayectoria de Rubén Santiago ha confluido este interés por conciliar los valores simbólicos a los sistemas de poder, mediante la presentación múltiple de acciones, instalaciones y videos realizados con una intención deconstructora. Así, ha procedido a desmontar aquellos ejes centrales del capitalismo como la propia casa (Tirar la casa por la ventana, 2005), ha mostrado cuerpos de animales encontrados en la calle convertidos en objetos de arte aparentemente lujosos (Corpses boxes I-II, 2008), ha mejorado notablemente los aseos públicos para aquellos que viven en la calle (Turning a public toilet into a spa, 2007) o ha procedido a desmontar escrupulosamente un baño de tren durante un largo viaje entre Galicia y Cataluña (Shangai Express, 2006). El propio artista ha señalado también la relación que mantienen a través del arte procesos como la memoria del tiempo y el azar, añadiendo el interés por ese mal de archivo convertido en archivo malicioso, configurado a partir de aquellos documentos de identidad -como los pasaportes u otros- encontrados en el vagabundaje urbano (ID, 2003) Seguramente esta capacidad recopilatoria de Rubén Santiago esté relacionada con el aspecto material de la obra de arte. Bien en forma de ceniza, como cuerpo de animales descompuestos en la calle, como documento convertido en obra gráfica, en su trabajo podemos subrayar la importancia de establecer nuevas correspondencias en la definición de la obra de arte, a través del valor energético de materiales en descomposición o, ya literalmente, mostrando cómo puede afectar el fuego procedente del fósforo, tan necesario para el correcto uso de nuestra inteligencia, a la aplicación simbólica de la acción artística. Hecho verificable en esta propuesta de acción fagocitadora, dando de comer a los parásitos y presentando una importante colección de tarjetas de crédito robadas o encontradas. Un aspecto delictivo de la obra de Rubén Santiago, no tanto por una supuesta ilegalidad, sino por su significado literal, que nos trae lo abandonado, subrayando que precisamente si es obra de arte no hay delito, porque hoy por hoy, pensar aún no es delito. La tarjeta de crédito robada y encontrada en la calle se transforma misteriosamente en otra cosa desvinculada de su valor simbólico, porque la propia tarjeta es un simple soporte de lectura de un número asociado a nuestra cuenta corriente. Esta metafórica presencia del parásito puede ligarse entonces con gran efectividad a la ausencia propia del crédito, cuando lo único que subyace en nuestra cabeza es encontrar la alimentación del capital. En el caso de Rubén Santiago, desplazando las nociones de propiedad y uso de la obra de arte como parte integral de un archivo social, hacia un espacio simbólico más poderoso identificable con las garantías que ofrecen los sistemas económicos en una supervivencia fagocitadora estética. Tarjetas de crédito que a pesar de todo no pueden considerarse como un robo, de la misma manera que alimentar con la propia sangre a unos insectos pueda ser la recuperación de un estadio metafórico que no esté en dependencia de tópicos relacionados con dar soluciones políticas, económicas o sociales a la pobreza, la desigualdad o la injusticia, sino a transformar algunos restos de esa pérdida de contenido en algo tan efectivo como una obra de arte donde se entrecruza la acción y lo biológico a la acreditación del capital como sistema de control social: una contaminación magnética.

27 abril 2010

Democracia


DEMOCRACIA O LA VUELTA DE LAS PALABRAS AL PUEBLO.
Cura Art Magazine
www.curamagazine.com

En la Antigua Roma se consideraba el juego como uno de los elementos vehiculares en los que el pueblo, además de disfrutar del panem et circenses, esto es, comida del cuerpo y comida del espíritu, también mostraba su apoyo como espectadores a las diferentes organizaciones políticas. Como señaló Huizinga en Homo Ludens, se trata de una representación simbólica de lo político y lo religioso y, sólo después, de lo lúdico. Estos bandos se denominaban demos y a sus dirigentes demarcas. El caso es que el equipo formado por Pablo España e Iván López optó por reunirse bajo el nombre de Democracia en 2006, interviniendo directamente en la sociedad a través de exposiciones, creando publicaciones como Nolens Volens o Contraindicaciones o realizando proyectos de comisariado como Madrid Abierto o Creador de dueños. En esa dirección muestran cómo las cuestiones políticas, sociales o económicas también están en el interior del mundo de un arte abocado a sumirse en la industria cultural y a presentar sus productos, los objetos de arte, como si pudieran pasar desapercibidos, sin parecer arte. Lo cierto es que en anteriores proyectos como Welfare State (2008) ya trataban los problemas de la representación en relación a su espectacularidad, articulando un juego adecuado a la destrucción provocada por un estado del bienestar de unos pocos. Para ello, intervinieron en un desalojo mediante la presentación de la demolición como si de un nuevo espectáculo se tratara, creando unas instalaciones para que cualquiera pudiera estar presente ante hechos poco visibles llevados a cabo por parte de una intervención no siempre propicia del Estado.


Porque decir estadio y estado es hablar de lo mismo: dentro del estadio, fuera del Estado. Estamos en el estadio cuando queremos olvidar nuestro estado, a pesar que ese juego sea también controlado y formalizado. El juego, sobre todo en el caso del fútbol, convoca a pequeños grupos que enfrentados unos a otros tratan de dominar para vencer en un partido. Se siguen unas reglas, se consiguen puntos, se gana al adversario. En una competición no se trata de participar, únicamente. Se trata de cuestiones vinculadas al orden y al juego, pero también a la lucha y a la victoria o al desastre. Lo importante no es entonces participar, sino ganar, aunque sea como representación simbólica. Esta característica propia del juego es también la oportunidad de que el pueblo hable, porque van asociados los cánticos a las opciones políticas, la espera ante un resultado valioso como si de un final próximo se tratara o la aparición de pancartas y mensajes encendidos cada temporada ofrecidos al adversario. Y sabemos que, al menos, el deporte, pone de acuerdo a todo el mundo. Hasta Heidegger, durante los años 60 -como indica Rüdiger Safranski-, se encuentra fascinado por la destreza de Beckenbauer, uniendo sus intereses metafísicos a sus opiniones sobre la lucha, volcando una taza de té ante un partido memorable de la Copa de Europa entre el FC Barcelona y el Hamburgo.


Pero de lo que Democracia trata en su último proyecto en marcha titulado Ne vous laissez pas consoler (2009), iniciado a partir de su participación en la última Bienal de Burdeos, es efectivamente no mostrar tanto el campo de juego, como dirigir las cámaras hacia las tribunas del estadio, dando una nueva visión del espectáculo desde el punto de vista del espectador. Para ello han colaborado activamente con los ultras del FC Girondins de Burdeos, haciéndoles participar, a través de mensajes escritos en el merchandising propio de los hinchas como bufandas, banderas, camisetas, etc. Lo sorprendente es que en este caso las frases escogidas pertenecen a Gramsci, Rimbaud, Brecht, Camus o Nietzsche. Y no son precisamente alegres, sino que señalan hacia la rebeldía de un sujeto transformado en la marea humana que cada fin de semana se reúne para apoyar a su equipo por medio de himnos: “Ne vous laissez pas consoler, La vérité est toujours révolutionnaire, Les idoles n’existent pas, Ils ordonnent parce que nous obéissons, Nous n’avons rien sauf notre temps, La douleur est la noblesse unique, Le principal champ de bataille c’est l’esprit de l’ennemi, La liberté doit être pour tous ou pour personne”. Estos mensajes hablan de la falta de consuelo, de la iconoclasia propia de nuestro tiempo o del cuestionamiento del enemigo, pero siempre referidos a la lucha que ejemplifica el espectáculo deportivo como expresión de la falta de confianza ante un Estado que ingenuamente parece no creer en que los domingos por la tarde estamos ejerciendo la libertad a través de nuestro tiempo de ocio. Una relación entre el estadio y el Estado, como por ejemplo, en la violación de los derechos humanos que se llevó a cabo durante el Mundial de Argentina (1978) por parte de la dictadura de Videla, cuando se estaba celebrando la final entre Argentina y Holanda y desde los helicópteros del ejército se lanzaban al vacío del Río de la Plata los cuerpos de los torturados. Este es también el proyecto encubierto de Democracia: mostrar la importancia de incluir mensajes aparentemente diferentes de los que normalmente utilizan este tipo de ultras, para mantener una defensa de la representación ante el fingimiento del espectáculo en el estado del bienestar.


No son frases populares como todo para el pueblo, pero sin el pueblo, sino que son mensajes que muestran el espectáculo de la sociedad a través de una nueva intervención de sus participantes para provocar un cambio real, utilizando los argumentos propios de la ideología del pensamiento crítico contemporáneo para hablar del espacio que le queda a un arte verdaderamente dirigido hacia la intervención y la participación. Una forma de citacionismo donde se crea la ciudad a partir de una cita, inspirado en las acciones del Situacionismo de Guy Debord, que muestra, por otra parte, las relaciones que mantienen en el presente la modernidad y la postmodernidad en un espacio que siempre estuvo en relación con lo político y lo poético: la creación de espacios de libertad desde la ironía ante el poder de representación de lo público. Porque es en esta cuestión donde Democracia han creado de nuevo una forma de otorgar al espectador el poder de la fuerza ante la inestabilidad crítica actual. Una ironía que casualmente, señala el carácter apolítico y antirracista de unos ultras que tratan de devolver el sentido de las palabras a la tribu, como escribió Mallarmé al referirse al sentido de lo nuevo escondido en el arte del futuro.

08 abril 2010

¡Se Gentrifica Tetuán! por Santiago Cirugeda y Todo por la Praxis



www.contraindicaciones.net

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¡Se Gentrifica Tetuán!
por Santiago Cirugeda y Todo por la Praxis

Tras el periodo de urbanismo extensivo desordenado y especulativo que ha venido sufriendo la ciudad de Madrid materializado en forma de PAUS, nos encontramos frente a un nuevo fenómeno de transformación de la ciudad: los procesos de gentrificación urbana. La palabra gentrificación procede del inglés "gentry" y significa, literalmente, aburguesamiento o elitización.

Este concepto viene a definir el proceso mediante el cual un barrio de renta media-baja, que ha sufrido una situación previa de abandono y degradación del patrimonio inmobiliario, vive un proceso de revalorización que implica por lo general la expulsión de sus habitantes tradicionales y su sustitución por habitantes de mayor nivel de renta. El proceso conlleva la sustitución de la población, de la tipología de viviendas y de las actividades comerciales y productivas. El móvil de este fenómeno es la ganancia especulativa obtenida a través del cambio sufrido en el valor del suelo, entre la fase de abandono de la zona y su posterior revalorización.

Un caso paradigmático de este fenómeno lo encontramos en el centro de la ciudad de Madrid, en el barrio Malasaña, en una zona que ha sido denominada por promotores e inmobiliarios como Triball (Triangulo Ballesta). Esta área de la ciudad, sometida a un abandono sistemático y a un deterioro del barrio por parte de la administración, ha sido escogida por un grupo inmobiliario para el desarrollo de un plan de explotación urbanística camuflado bajo un supuesto plan de recuperación o revitalización de un barrio. La estrategia de partida es la creación de un barrio marca Triball, con un perfil de negocio que tiene como referente el Soho londinense. En la práctica, este supuesto plan de recuperación urbana está provocando la expulsión del comercio tradicional y la sustitución por un comercio de élite. Aunque el fin último de esta operación conduce al monopolio del mercado inmobiliario de la zona y a la obtención de plusvalías de la revalorización de los inmuebles. Este proceso es un ejemplo de lo que hemos denominado "gentrificación planificada", que son procesos a medio plazo que se realizan en tramas urbanas consolidadas, siendo muy comunes en cualquier ciudad media-grande del estado español.

Un proceso menos común es el que hemos denominado como "gentrificación programada", que utiliza el instrumento del Plan parcial de reforma interior mediante el sistema de ejecución por expropiación. La "gentrificación programada" tiene plazos de ejecución más cortos realizándose bajo el paraguas de un plan de rehabilitación del barrio o de planes parciales de reforma interior. El abandono o desvalorización previa del barrio es el preámbulo a este proceso. Un aspecto que facilita el desarrollo del proceso suele ser la existencia de una población envejecida o el predominio del alquiler sobre la propiedad (lo que facilita los desalojos masivos).

Un buen ejemplo de estas prácticas lo encontramos en el "Plan del Paseo de la Dirección" en el barrio madrileño de Tetuán. En el proyecto se contempla la construcción de 1700 viviendas. Para ello, se expropiará a los habitantes y se les realojará a todos ellos en uno de los bloques que están proyectados. El barrio de Tetuán es un barrio de vivienda de baja densidad, con tipología de casas-patio, es un barrio de gran riqueza por su composición y diversidad social y económica y una buena parte de este barrio será arrasado amparándose en cuestiones de saneamiento urbano. Es cierto que en el barrio existen viviendas que no cumplen estándares mínimos de salubridad, pero la actuación planteada nos parece desproporcionada ya que creemos que la solución a estas cuestiones no es hacer tabula rasa y demolerlo todo.

Lo que nos lleva a pensar que más allá de la supuesta bien intencionada medida existan otros intereses. Hay que tener en cuenta que esta área, debido a la construcción de las famosas torres en la ciudad deportiva del Madrid, está codiciada también por intereses inmobiliarios. Por lo tanto, es más lógico pensar que el plan puesto en marcha está dirigido a satisfacer las demandas de este sector inmobiliario más que a paliar las demandas y carencias de este barrio.

La justificación de esta intervención pública que, en teoría, se dirige a mejorar las condiciones de vida de un barrio que se supone degradado, va a suponer como consecuencia última la gentrificación del sector. Parece obvio que esta intervención masiva no está dirigida a mejorar las condiciones de vida de sus pobladores, sino a la sustitución de éstos por otros de nivel social acorde con la nueva valorización de la zona. Además, pensamos, por otro lado, en el alto coste social, ambiental y económico de esta operación. Creemos que si existiese una verdadera voluntad de mejora del área se actuaría con un plan de rehabilitación de vivienda. También una actuación en esta misma dirección sería la recuperación y puesta en valor de las preexistencias, recuperando espacios abandonados y degradados para la incorporación de otros usos. Y, por supuesto, la mejora de las dotaciones y de los equipamientos del barrio que hasta el momento han sido abandonados por la Administración.

Más información en http://www.tetuanfotoaccion.blogspot.com/

06 abril 2010

Santiago Morilla en la Fondazione Pastificio Cerere de Roma




La Fondazione Pastificio Cerere de Roma presenta la exposición Nidi (Nidos) de Santiago Morilla que se inaugurará este miércoles 24 de marzo 2010 en el patio de la fundación.



La muestra se desarrollará en tres momentos diferentes (marzo, mayo y septiembre) y en tres escenarios distintos (la Fondazione Pastificio Cerere, la Academia de España en Roma y la galería de arte contemporáneo CO2), donde se podrán presenciar las distintas intervenciones del artista tras su estancia de investigación en Roma.

La intervención que Santiago Morilla ha diseñado para el patio de la Fondazione Pastificio Cerere se inspira en las esculturas que figuran en los arcos del Coliseo que el artista concibe como "la arquitectura en la arquitectura", como las criaturas antropomorfas que se animan a construir un porche orgánico ilusorio.



Santiago Morilla: Nidi
Del 24 de marzo al 30 de abril de 2010
Fondazione Pastificio Cerere
Via degli Ausoni, 7 - 00185 Roma. Tel. (+39) 06 454 22 960
P.Iva: 09137031002. info@pastificiocerere.it

23 marzo 2010

COMMISSION en Proyecto Circo



Se presenta la primera Muestra de Video Creacion en La Habana Cuba, con la presencia de artistas españoles, suizos y cubanos.Commission colabora con una seleccion de artistas españoles, que considera representativos y que entienden el video arte como una herramienta mas y no como un fin en si mismo…

ESPAÑA

Comisariado: Ada Azor. Coordinadora. Proyecto Circo. Performance & Audiovisuales, Ciudad Habana, Cuba

Fernando Baena/ Andalucía
Rumba para Charlot /8’/2007

Ángel García Roldán/ Andalucía
Dogma/4:41/ 2007
The Preacher/4:13/2006

Lara + Coto/ Asturias
Vulcano/2:09/2008

Beatriz Caravaggio/ Asturias
Videodistancias /2’/2008
Game over insert coin/1:20/2003

Pedro Deniz/Islas Canarias
Sin paraíso/Video-performance/4:50/2003
El Olvido/ Video-foto-performance/1’/2009

Lena Peñate & Juan José Valencia/ Islas Canarias
Hipnosis y obsolescencia/1:08/2010

Enrique Cárdenes/ Islas Canarias
Un minuto más/1’/2008

Raquel Ponce/ Islas Canarias
Narcisa/3:31/2009

Nacho Ramírez/ Islas Canarias
Eolia/1’/2009

Javier Camarasa/ Islas Canarias
Atracción magnética/3:21/2006

Paco Guillen/ Islas Canarias
Subíndice/3:07/2009

Gregorio Viera/ Islas Canarias
Me rio en tu cara porque soy tu amigo/4’/2005

Silvia Moreno & Carmen La Griega/Islas Canarias-Madrid
Aracné/5:13/2009

Ana Navarrete & Carmen Navarrete/Comunidad Valenciana
De eso no se habla/20’/2007

PSJM/ Madrid
Citizen Identity/3.33/2009
Corporate armies/2:44/2008

Marta de Gonzalo & Publio Pérez/ Madrid
No renunciamos/10’/2009
Revolución humilde para una pantalla pública/1’/2003

Anna Gimein/ Madrid
Rehersal/1:26/2007

Analía Beltrán/ Madrid
Homenaje a Yoko Ono o no/ Video-performance/ 7’/2009

Paula Noya/ Madrid
Os rumorosos/1’/2010
1,2,3,38 /1’/2008

Comisariado: Juan Ramón Barbancho. Coordinador de la programación Galería La Nave Spacial, Sevilla

Alex Francés
Retrato invertido/2’/2007

Fátima Torconal
El mito de Ariadna/6:46/2006

Eduardo Sourrouille
Bombón. La causa de mi deseo/2:30/2003

Felipe Ortega-Regalado
Criptografías de lo estático: ánima/4:33/2008

Francis Naranjo
Iluminaciones urbanas/4:28/2004

Avelino Sala
Culture/2:06/2008

Comisariado: Fernando Barrionuevo. Director Mediterráneo Centro Artístico (MECA), Almería

Maria Cañas
Kiss the fire/5:42/2007

100BISCOLECTIVO
Código Binario /6.45/2009

Sandra Cartellone
Miradas/’54/2008
Sonidos/1:53/2008

Manolo Olmo
Panel informativo/2:30/2008

Rodrigo Valero
El observador/3:05/2008

Verónica Ruth & Cyro García
Pájaros en la cabeza /3.50/2008

Comisariado: Marta Mantecón. Coordinadora Festival Foconorte, Cantabria

Marijosé Tobal
Código de barras. Fluxus-acción/5:39/2005

Luis Bezeta
La fiesta de la cereza/4:14/2009

Majo G. Polanco
Asaltos/Videoacción/5’/2008

Equipo ACAI (Laura Escallada, Laura Irizábal y Zaida Salazar)
Carites. Despertando en la calle/ Video-acción/3:57/2009

Maichak Tamanaco
El mecanismo de las ideas/2:50/2010

Comisariado: Acción!MAD09/, Madrid

Esther Ferrer
Conferencia sobre Performance /Documentación de Performance

Fernando Baena
El roce hace el cariño/Documentación de Performance

Isabel León
Compartiendo Secretos/Documentación de Performance

Eva Pérez
Prueba de acción sobre la erótica torpe II: Marcada con belleza muerta/Documentación de Performance

José Maria Calleja
Aquella noche… /Documentación de Performance

Ángela García
Sin título/Documentación de Performance

Antonio Gómez
No soy de un pueblo de bueyes/ Documentación de Performance

Carlos Felices
Sin título/Documentación de Performance

Maria Marticorena
Silbando mis tormentos/Documentación de Performance

Comisariado: Commission Curatorial Group, Gijón

Chus García Fraile
Running/2.43/2009

Santiago Morilla
Cuando el río suena agua lleva/’41/2010

Pelayo Varela
Quemando rueda/9:11/2009

Domingo Sánchez Blanco
Show/2:30/2009

Orson San Pedro
The real meaning of art/1:42/2007

Maité Centol
La galletera 36/4’/2009

Rubén Santiago
Future/2:56/2005

Avelino Sala
Arde lo que será/1:38/2006

SUIZA

Comisariado: Adela Picón, Artista-multimedia

Peter Aerschmann/Berna
Rooftoop/2:07/2005

Philipp Gasser/Basilea
You can’t see the wood for the trees/3:05/2002

Frantiček Klossner/Berna
Mess up your mind/7:29/2000

Adela Picón/Berna
El saludo/4:49/2008

Michael Spahr/Berna
Rise & Fall/6:41/2009

Quynh Dong /Zurich
Video poems/2:57/2010

Katrin Wirz/Berna
Fire in India/2:12/2003

Dominik Stauch/Thun
Don’t let me Down/4:28/2006

Jacqueline Baum/Berna
Teachings/8:31/2009

Mo Diener/Zurich
Light Steps/Video-performance/6’/2000

Sibylla Walpen/Berna
Touched/2:29/ 2005

Collectif_Fact (Annelore Schneider, Claude Piguet, Swann Thommen)/Ginebra
Circus/5:37/2004

URNAMO (Wathiq Gzar Al-Ameri, Ali Al-Fatlawi, Wamidh Al-Ameri)/Zurich
Religions Advertising/4:47/2009

Fabiana de Barros Michel Favré*
Shopping Center on second life/3:05/2010

* Comisariado: Ada Azor. Coordinadora. Proyecto Circo. Performance & Audiovisuales, Ciudad Habana

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EQUIPO DE REALIZACIÓN

Coordinación & Comisariado: Ada Azor
Coordinación en Hispanoamérica: Angel García Roldán
Diseño Gráfico: Marwin Sánchez
Dirección Técnica: Josué García
Fotografía: Iván Soca
Cámara: Lisandra Ramírez

www.proyectocircocuba.org / info@proyectocircocuba.org
ada@rapicorreo.com / angel@proyectocircocuba.org

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AGRADECIMIENTOS

El proyecto Circo. Performances & Audiovisuales agradece a las siguientes personas y entidades:

Regula Babler, Directora Residente, Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude)
Ramon Molina, Consejero Cultural AECI-Cuba
Graciela Morales, Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude)
Irina Bernal, Administradora AECI-Cuba
Surelys Medina, Directora Galería Servando Cabrera, Ciudad Habana
Juan Ramón Barbancho, Comisario independiente. Coordinador de programación La Nave Spacial, Sevilla
Fernando Barrionuevo & Rosa Muñoz, Directores de Mediterráneo Centro Artístico (MECA)
Marta Mantecón, Coordinadora Festival Foconorte, Cantabria
Vera Icono Producciones
Avelino Sala
Pedro Pablo Fernández, Director Municipal de Cultura (Playa), Ciudad Habana
Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño
Consejo Nacional de las Artes Plásticas
Consejo de la Administración Municipal Playa, Ciudad Habana
Lourdes Ascuy, AECI, Cuba
Lisandra Ramírez
Fernando Baena
Nieves Correa
PSJM
Reinier & Jenny
Naná Ramírez
Heidy Suárez

Especialmente a Pedro Deniz y Adela Picón